miércoles, 11 de diciembre de 2013

BEOWULF: LA PÁGINA PERDIDA


Os tengo que decir una cosa sobre cómo se hacen los cómics que tal vez no supierais: una vez que has terminado el tebeo en cuestión... ¡todavía queda un montón de trabajo por hacer! Sí, os habéis pasado meses escribiendo, dibujando, coloreando y rotulando, y después de todo ese esfuerzo suspiráis, respiráis, eructáis y... resulta que todavía hay que revisar textos, hacer la portada, diseñar el libro, las cubiertas, añadir los contenidos editoriales, los créditos, contraportada, agradecimientos, biografías, maquetar todo... Algunas de esas tareas las hacen directamente los autores y otras en estrecha colaboración con el equipo editorial (en el caso de Beowulf, principalmente el editor Javier Zalbidegoitia y el maquetista y diseñador Manuel Bartual, sin olvidarnos de la correctora Soraya Pollo), pero la cuestión es que cuando todo ha terminado todavía queda mucho por hacer. Y es ése el momento en el que intentas tomarte un instante de tranquilidad para mirar con perspectiva lo que has hecho y tener una imagen completa antes de darle al botón rojo y mandarlo definitivamente a ganarse la vida por esos mundos de dios. Y a veces decides cambiar algo.

Con Beowulf pasó.

En la última revisión, mientras intentábamos encajar todo, nos encontramos con algunos problemas de compaginación. Cuando pasa eso, o añades alguna página o suprimes alguna página (o haces ambas cosas). En este caso, tras revisar catorce veces el pdf con las páginas acabadas, pensamos que lo mejor era sacrificar una página.

La que tenéis ahí arriba, encabezando este post.

Debo decir que la página era de mis favoritas del libro, pero al mismo tiempo no podía negar que me estaba molestando. Originalmente cerraba el segundo acto, es decir, iba entre la página donde vemos al Beowulf joven en Heorot pasar a ser el Beowulf viejo en el país de los Geats y decir aquello de «Los monstruos nunca se acaban, rediós» y la primera página de ocho viñetas con el despertar volcánico del dragón. Estaba concebida como una especie de paseo final por los escenarios skyldingos donde se había desarrollado el enfrentamiento de Beowulf y sus hombres con Grendel y su Madre, un momento de calma que hiciera de bisagra entre lo que acababa de terminar y lo que estaba por comenzar. Pero había un problema gordo: la segunda viñeta de la página anterior ya era en Geatland 50 años después, de modo que meter esto aquí era como salirse del relato y echar el reloj atrás, como romper la dinámica que la historia ya había cobrado. En resumidas cuentas, como poner un palo en la rueda. Chirriaba, por mucho que yo quisiera hacerme el sordo hasta el último momento.

Para colmo, luego me di cuenta de que se parecía mucho a la última página que hicimos Javier Peinado y yo en La Tempestad, que también recorría los escenarios de la historia, ya deshabitados y pacificados.

Así que como había que tomar una decisión, tomamos la de eliminar la página de marras. Me dolió, porque es una página que me gusta mucho y creo que David hizo un trabajo espléndido con ella. Pero como he comprobado ya muchas veces a lo largo de mi carrera como historietista, con frecuencia acabas viéndote obligado a sacrificar a tus hijos predilectos.

Siempre me puedo hacer un póster.

IMPORTANTE: No olvidéis que desde hoy y hasta el próximo sábado David Rubín estará en Madrid en diferentes lugares y actos. Toda la información la podéis consultar aquí. Para empezar, esta tarde se juntará con Javier Olivares y, acompañados de Gerardo Vilches, los tres harán la presentación oficial de Beowulf en La Central de Callao. Os advierto que las dedicatorias de David ya son legendarias.