lunes, 11 de marzo de 2013

LA NOCHE DEL MURCIÉLAGO 86: ROBIN


(PARTE DEL CAPÍTULO MONDO BATMAN)

ROBIN

El adolescente compañero del Hombre Murciélago es un personaje paradójico. Absolutamente clave para entender el mito de Batman en toda su extensión, parece despertar el mismo odio en lectores y en profesionales, excepto que los lectores lo reclaman cuando desaparece y los profesionales confiesan que, a la hora de ponerse a tratar a Batman, todo funciona mucho mejor si tiene un Robin al lado.

Tras un año de correrías en solitario, Batman decidió adoptar un pupilo cuando sintió reflejado su propio pesar en la figura de Dick Grayson, que acababa de quedar huérfano al ser asesinados sus padres, los acróbatas Grayson Voladores, por el gángster “Boss” Zucco. Supuestamente con la intención de evitarle el mismo funesto destino que a él le había marcado, el millonario Bruce Wayne acogió al niño Dick, consiguiendo a cambio que el muchachito se convirtiera en uno de los más jóvenes justicieros de la historia. “Robin evolucionó de mis fantasías siendo un crío de catorce años -comenta Bob Kane- cuando me imaginaba como un muchacho que luchaba al lado de mi ídolo, Douglas Fairbanks Sr. Me figuraba que los chicos que leyeran las hazañas de Batman proyectarían sus propias imágenes en la historia y soñarían con luchar junto al Cruzado Encapuchado como Batmanes infantiles. Pensé que todos los chicos querrían ser como Robin; en vez de tener que esperar a crecer para convertirse en superhéroes, querrían ser uno ya mismo. Temerarios y risueños, libres, sin colegio, sin deberes, viviendo en una Mansión sobre la Batcueva, viajando en el Batmóvil, eso era algo que apelaba a la imaginación de todos los niños del mundo.

Le puse el nombre por Robin Hood, que de niño me encantaba, en la interpretación de Fairbanks. Ambos Robin eran cruzados que luchaban contra las fuerzas del mal. Robin Hood peleaba contra la injusticia en el bosque de Sherwood en los días del Rey Arturo, mientras que Robin combatía el crimen contemporáneo en Gotham City. Incluso vestí a Robin con la túnica, la capa y los zapatos de la época de Robin Hood, y dibujé sus calzones para que pareciesen de cota de malla.

Curiosamente, cuando le presenté la idea a mi jefe, Jack Liebowitz, me dijo que no quería que Robin apareciese en la serie. Dijo que a Batman le iba muy bien solito y que no debíamos andar trastocándolo. Jack también pensaba que las madres pondrían objeciones a un niño luchando contra los gangsters. Podía tener razón. Dije, “¿Por qué no lo intentamos en un solo número? Si no te gusta, podemos quitarlo.” Pero cuando la historia apareció, fue un éxito: el comic book que presentaba a Robin (Detective 38, abril 1940) se vendió casi el doble de lo que Batman se había vendido en solitario. Fui a redacción el lunes después de que recibiéramos las cifras y dije, “Bueno, supongo que ahora habrá que quitar a Robin, ¿verdad, Jack? No querrás a un crío peleando con gangsters.” “Bueno”, dijo tímidamente, “Déjale estar. Está bien, le dejaremos seguir.”

Por supuesto, como en casi todas las creaciones en aquellos momentos, el guionista Bill Finger también aportó algo. “Robin surgió de una conversación que tuve con Bob -recordaba Finger.- Batman era una combinación de Fairbanks y Sherlock Holmes. Holmes tenía a su Watson. A mí me molestaba bastante que Batman no tuviera nadie con quien hablar, y era un poco aburrido que siempre estuviera pensando. Sobre la marcha descubrí que Batman necesitaba un Robin con quien hablar. Así es como apareció Robin.

Bob me llamó y me dijo que iba a meter un chico en la historia para que se identificara con Batman. Pensé que era una gran idea. Me fui a casa e intenté pensar nombres, muchos como Dusty y Scamp. Cuando volví, Bob y Jerry [Robinson, el primer ayudante de Kane] me informaron de que ya tenían nombre. Había decidido llamarle Robin. Siempre pensé que Robinson le había creado a partir de su propio nombre, ROBINson... ROBIN.

Me fui a casa a escribir la primera historia. Le di una honda porque pensé en David y Goliat en el sentido de que Robin resultaría pequeño comparado con hombres de tamaño normal. Pero pensamos que sería peligrosa, así que sólo duró un par de números.

Dick Grayson salió de los pulp. Frank Merriwell tenía un medio hermano llamado Dick, y Grayson salió de un libro que yo estaba leyendo, editado por Charles Garyson Jr. El nombre sonaba bien.

Cuando se me ocurrió la perspectiva del hermano mayor, Robin fue más fácil de escribir. Hacerle humano era casi imposible porque Robin tenía que ser el eco de Batman o hacerle preguntas sofisticadas.

Por supuesto, las consecuencias de la incorporación de este pequeño aventurero fueron más allá de un aumento en las ventas. “La introducción de Robin cambió el tono de las historias de Batman -reflexiona Kane.- Temerario, risueño y joven, Robin aligeró el humor de la serie, ya que él y Batman se enzarzaban en chanzas y bromas mientras derrotaban a sus adversarios. La brillantez del disfraz de Robin también servía para iluminar la imagen y servía como contrapartida al sombrío disfraz de Batman. Aún más significativo fue que la adición de Robin proporcionó a Batman una relación permanente, alguien por quien preocuparse, y le convirtió en un hermano mayor paternal en vez de un vengador solitario.

Yo no pretendía conscientemente cambiar el tono de la serie; eso evolucionó a medida que escribíamos historias con Robin. No introduje a Robin para humanizar a Batman, sino que le creé porque pensé que así la serie tendría más éxito al atraer a dos públicos. Pensé que los niños querían a un héroe más ligero con un humor más ligero y que se identificarían con un personaje joven como Robin, mientras que los adultos y los adolescentes querrían un héroe serio y se identificarían con un adulto como Batman. De esta manera atraeríamos a dos públicos. También dio equilibrio a la serie; como Laurel y Hardy, Batman y Robin son un gran equipo.

Prefiero el primer año de Batman, cuando operaba en solitario y era un personaje más sombrío, pero no me gustaría ver al dúo disuelto de manera permanente.

Lo que parece probable es que, sin Robin, Batman no habría conservado la frescura y el atractivo durante el cuarto de siglo siguiente. Desde su introducción hasta la llegada del “New Look”, en 1964, Batman y Robin fueron una pareja indisoluble que compartió todas las aventuras en Batman, Detective y World’s Finest. Paralelamente, el Prodigio Juvenil vivió sus propias aventuras en solitario en títulos como Star Spangled Comics, donde se convirtió en la estrella a partir de su número 65 (1947), con esporádicas apariciones estelares de su famoso mentor. Durante la “Era Clásica”, Robin se mantuvo tan inalterable física y psicológicamente como Batman, sometiéndose únicamente a las inevitables y transitorias metamorfosis fantacientíficas propias de la segunda mitad de los 50 y principios de los 60.

Mientras que el “New Look” trajo un importante cambio de disfraz para Batman al añadir el óvalo al emblema del murciélago, Robin no varió un ápice su atuendo, pero sí se mostró algo más crecidito en los lápices de Carmine Infantino. Si anteriormente aparentaba 12-13 años, ahora estaba claro que se trataba de un hombrecito de 16-17. De hecho, su apelativo “Boy Wonder” fue sustituido por el de “Teen Wonder”, de la misma manera que empezó a liderar a los Teen Titans a partir de su debut en The Brave and the Bold 54 (1964), y después en su propia serie, Teen Titans (1966-1973). Los Teen Titans eran una suerte de Liga de la Justicia adolescente, integrada por los pupilos de Batman, de Flash (Kid Flash), de Flecha Verde (Speedy), de Aquaman (Aqualad) y de Wonder Woman (Wonder Girl).

La partida de Dick Grayson para estudiar en la universidad de Hudson rompió al Dúo Dinámico en diciembre de 1969, y a partir de ese momento, aunque volverían a compartir muchas aventuras, Robin sólo sería un invitado especial en los títulos de Batman, protagonizando series en solitario como complemento de Detective, Batman Family y cualquier colección batmaniana que tuviese unas páginas de sobra. Todavía como Robin, Dick relanzó a su antigua pandilla como The New Teen Titans (1980), colección que no sólo fue uno de los éxitos de DC durante los 80, sino que dio un objetivo en la vida al más bien desorientado Grayson.

Tras catorce años de hombre duro y solitario, Batman también sintió nostalgia de Robin y se procuró un segundo muchachito que desempeñara el papel. El origen de Jason Todd mimetizaba punto por punto el de Dick Grayson, y con ese bagaje echó a andar en 1983 (Batman 366), lo que provocó, de rebote, que Dick tuviera que buscarse otra identidad, que acabó encontrando en el nombre de Nightwing. A pesar de los años que llevaba ausente de la colección, este nuevo Robin fue impopular desde el primer momento, en parte debido al carácter desafiante, rebelde y protestón que le dieron los guionistas, especialmente a partir de su relanzamiento con un nuevo origen que le convertía en un golfo callejero poco fiable y nada respetuoso con las vidas ajenas. Las malas vibraciones que rodearon a Jason desembocaron en la maniobra de las llamadas telefónicas y su muerte dictada por los lectores y ejecutada por Jim Starlin y Jim Aparo en “Una muerte en la familia” (Batman 426-429, 1988).

Si siempre había resultado difícil de justificar que Batman pusiese en la línea de fuego a un niño, después del trágico fin de Jason este sentimiento debería haberse reforzado. Por el contrario, Batman se dio prisa en buscar un relevo para su malogrado aprendiz, relevo que encontró en la figura de Tim Drake, el tercer Robin, que debutaría en Batman 457 (diciembre 1990).

Tim ha sido el más popular Robin de la Era Moderna. Partiendo de la originalidad de que no fuera huérfano (al menos al principio) y no viviera en Wayne Manor, se ha mostrado mucho menos acomplejado que sus predecesores y con mayor capacidad para disfrutar de la vida. Si Dick Grayson siempre estuvo eclipsado por Batman, y de adulto buena parte de sus esfuerzos los ha dedicado a demostrar que podía ser tan bueno como su infalible mentor, y Jason Todd nunca consiguió superar la amargura que le había marcado en su infancia, Tim no se plantea seguir ejerciendo de superhéroe cuando sea mayor. Para él, ser Robin es simplemente otra más de las actividades que realiza este hiperenergético y brillante muchachito que el día de mañana recordará sus andanzas junto a Batman con una mezcla de orgullo y nostalgia, pero sin ningún remordimiento. Conveniente genio de la informática en los tiempos que corren, el tercer Robin también ha conseguido establecer su personalidad desde el principio con mayor rotundidad que sus homólogos. Es un Robin que está ahí cuando hace falta, pero que no está siempre al lado, incluso cuando no hace falta y sólo estorbaría. También es un Robin con sus propias alas que desde muy pronto ha volado en solitario, creándose su propio entorno de villanos (King Snake) y secundarios (Spoiler) que no tienen nada que ver con los del Señor de la Noche. Tres miniseries en rápida sucesión (Robin, 1991; Joker’s Wild, 1991-92; Cry of the Huntress, 1992-93) sirvieron para corroborar su éxito como héroe juvenil para los 90 capaz de sostenerse sin su famoso socio al lado, y así emprendió su propia colección mensual en 1993, que ya ha alcanzado más de 50 números publicados.

Más moderno, ágil e interesante que nunca, este Robin parece destinado a perdurar, y ha sido clave para la reconstrucción de la “familia Batman”, al servir de bisagra entre Batman y Nightwing, articular las relaciones con Huntress (él es el único que conoce la identidad secreta de ella, cosa que no ocurre recíprocamente) y dotar de más funciones a Alfred, ahora también confidente y consejero de Tim.

Durante el último año se han publicado tres tebeos de adquisición obligada para cualquier fan de Robin. El primero, el “prestige” The Gauntlet, nos relata exquisitamente (con guión de Bruce Canwell y estupendos dibujos de Lee Weeks) cómo fue la primera noche de Dick Grayson como Robin, cuando tuvo que demostrar que valía para el trabajo. El segundo, Legends of the Dark Knight 100, está dedicado al Prodigio Juvenil y contiene dos historias. La primera, escrita por Dennis O’Neil e ilustrada por Dave Taylor, vuelve a contar el origen de Dick Grayson. La segunda, más breve, es una inesperada reivindicación de Jason Todd a cargo de James Robinson y, de nuevo, Lee Weeks. El tercero y mejor es Batman Chronicles 9, que contiene una deliciosa historieta de 18 páginas que recupera toda la magia y el sabor de cuando los superhéroes se divertían. Protagonizada por Robin-Dick Grayson y Batgirl-Barbara Gordon, es una colección de ocurrencias ingeniadas por Devin Grayson y maravillosamente dibujadas por Duncan Fegredo. Quizás la mejor historia de Robin de los últimos treinta años.

Con Tim no se acaba la lista de los Robin que ha habido o habrá. Junto a las variantes inconcebibles y aún así concebidas durante los 50, junto al Robin de Tierra-2 (que crecía hasta convertirse en un héroe de la envergadura de Batman pero sin abandonar su viejo nombre de guerra, aunque sí actualizando su humillante disfraz), junto a variaciones “Elseworlds” del tipo de Robin 3000, es necesario mencionar a Carrie Kelley, el Robin femenino de The Dark Knight Returns que cumple una función principalmente icónica.

En los dos primeros seriales cinematográficos, Robin fue interpretado por actores pasados de años y kilos hasta lo grotesco, pero el Burt Ward de la serie de TV de 1966 fue tan aproximado al Prodigio Juvenil en imagen real como se puede llegar a ser. Sus insufribles tics, como el golpearse la palma de la mano con el puño, y sus irritantes exclamaciones de admiración hacían que el espectador desease para él la peor de las muertes al final de cada episodio, aún sabiendo que tan ansiada resolución se vería abortada al inicio del capítulo siguiente.

Las películas de los 90 tardaron en decidirse a introducirlo, aunque los primeros proyectos lo consideraban imprescindible. Por fin, Dick Grayson apareció en Batman Forever (1995), en la figura de Chris O’Donnell, más ancho, más alto y más musculoso que Val Kilmer, el actor que entonces hacía de Batman, lo cual inmediatamente trastocaba de forma completa la relación entre ambos huérfanos, al no establecerse un salto de autoridad tan grande entre ambos. Schumacher y su equipo se libraron del aire kitsch del uniforme original convirtiendo al hipervitaminado O’Donnell en simplemente una réplica de Batman con pequeñas variaciones en el disfraz y su propio merchandising a generar. Batman & Robin ha consagrado su estrellato, pero apenas ha aportado novedades a su acartonada personalidad. Algunos de los rumores sobre posibles continuaciones de la saga indican que O’Donnell se convertirá en Nightwing y aparecerá un nuevo Robin más ajustado al ideal juvenil del personaje.

En los dibujos animados han encontrado el punto justo de equilibrio entre las diferentes visiones del pequeño justiciero. Aunque se llama Dick Grayson, su posición respecto a Batman se asemeja mucho a la de Tim Drake (al igual que su traje), y su edad a la de Chris O’Donnell. En la nueva serie, que pasa a emitirse en el canal Kids WB!, Grayson ya es Nightwing, y Tim Drake se ha convertido en Robin, aunque con la particularidad de que el origen de este Tim Drake está basado en el origen callejero de Jason Todd.